Salud integral

Promoción y mantenimiento de una buena salud integral a lo largo de la vida

Según la FAO, la dieta y la nutrición tienen un papel determinante en la prevención de las enfermedades no comunicables, que son la principal causa de enfermedad en el mundo.

Mejorar la nutrición y los niveles de actividad física en las personas adultas y en la tercera edad reduce el riesgo de enfermedades crónicas y de mortalidad o discapacidad.

http://www.fao.org/DOCREP/005/AC911E/ac911e06.htm#bm06.1:

Por lo tanto, para poder gozar de una vida plena, y de una buena salud integral, es necesario tener unos hábitos higiénico-dietéticos lo más saludables posible, basados en una alimentación equilibrada, un ejercicio físico adecuado a cada grupo de edad y el abandono de hábitos tóxicos como el tabaco y el alcohol.

La dieta occidental ha ido evolucionando hacia los hábitos dietéticos de los países anglosajones abandonando progresivamente las prácticas saludables de la dieta mediterránea. Ello ha conllevado un incremento en el consumo de grasas saturadas a expensas de las grasas insaturadas y un déficit en el consumo de EPA y DHA que actualmente pueden considerarse “esenciales” ya que son necesarios para el buen funcionamiento de nuestro organismo. Si el consumo de alimentos que contienen estos ácidos grasos omega-3 de cadena larga es insuficiente es aconsejable obtenerlos a través de suplementos alimenticios.

Omega-3, EPA y DHA

Una dieta equilibrada consta de hidratos de carbono (glúcidos), proteínas y lípidos (grasas), además de minerales, vitaminas, otros oligoelementos y agua.

Entre ellos hay algunos que se denominan esenciales, lo que significa que nuestro organismo no los puede sintetizar y, como son necesarios, deben incorporarse con la dieta, como son: diferentes aminoácidos (constituyentes de las proteínas) y los ácidos grasos esenciales (constituyentes de los lípidos o grasas).

Hay dos tipos de ácidos grasos, los insaturados, que aportan beneficios saludables al organismo, y los saturados, que si se consumen en exceso aumentan el colesterol y perjudican el sistema cardiovascular.

Los ácidos grasos insaturados se clasifican en monoinsaturados y poliinsaturados y están presentes principalmente en el reino vegetal y en el pescado azul. Los ácidos grasos saturados se encuentran principalmente en la grasa de origen animal y en sus productos derivados.

Los ácidos grasos poliinsaturados pueden clasificarse en omega-3, omega-6 y omega-9. Algunos de estos ácidos grasos omega-3 y omega-6, los de cadena corta, se consideran esenciales y se deben incorporar a la dieta a través de los alimentos o con suplementos alimenticios, cuando estos no los aportan en cantidad suficiente. El resto de ácidos grasos los puede sintetizar el propio organismo y no son imprescindibles en la dieta.

Los ácidos grasos omega-3 pueden clasificarse a su vez en:

  • omega-3 de cadena corta, que se encuentran principalmente en los aceites de origen vegetal, el representante es el ALA (ácido alfa-linolénico).
  • omega-3 de cadena larga, que se encuentran principalmente en el pescado azul y cuyos representantes son el EPA (ácido eicosapentaenoico)y el DHA (ácido docosahexaenoico).

Estos dos ácidos grasos son los más importantes por sus beneficios en nuestro organismo, ya que aportan protección cardiovascular y del sistema nervioso, así como protección del estado general de salud.

El EPA (ácido eicosapentaenoico) es un ácido graso omega-3 de cadena larga (>20 carbonos) que se encuentra presente principalmente en los pescados grasos como el salmón, la anchoveta y otros pescados azules.

Las recomendaciones actuales para el consumo de EPA en la población general se sitúan en 500 mg/día. Sin embargo, su consumo en la dieta occidental es deficitario, por lo que se recomienda su aporte mediante suplementos cuando sea necesario.

Las propiedades del EPA para el mantenimiento de la salud se basan principalmente en su actividad beneficiosa para el sistema cardiovascular, ayudando a proteger al sistema circulatorio frente a dos de los principales factores de riesgo silenciosos asociados a la salud del corazón, la hipertensión arterial y las dislipemias.

El EPA proporciona los siguientes beneficios para la salud:

  • Ayuda a proteger de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
  • Reduce los procesos inflamatorios subyacentes a estas patologías.
  • Regula la respuesta inmunológica.

El ácido docosahexaenoico (DHA) es esencial para el crecimiento y el desarrollo funcional del cerebro en los niños. El DHA también es necesario en el mantenimiento de la función normal del cerebro en los adultos.

El DHA es importante para el desarrollo del cerebro tanto en el periodo gestacional como en el posnatal. Con un aporte extra de DHA se consigue un mejor desarrollo de la agudeza visual, de la maduración de la retina y de la corteza visual y del desarrollo mental. Está implicado en la formación de los neurotransmisores y en las moléculas del sistema inmunitario.

También se ha demostrado el papel del DHA en el desarrollo infantil y en la mejoría de trastornos de la conducta como el déficit de atención e hiperactividad, la dislexia o los trastornos de coordinación. La incorporación de las cantidades necesarias de DHA en la dieta mejora la capacidad de aprendizaje, mientras que su carencia está asociada con deficiencias en dicha capacidad.

Una mayor ingesta de DHA, y no de otras grasas poliinsaturadas, en personas sanas de mediana edad, entre 35 y 54 años de edad, así como en persona mayores, ha demostrado tener una relación directa con una mejoría en los test que medían 4 funciones cognitivas principales: el razonamiento, la flexibilidad mental, la memoria de trabajo y el vocabulario.

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