Pediatría y omega-3

Nunca se está del todo preparado para ser padre, ni con el primer hijo, ni con el se­gundo… porque la responsabilidad es tan grande que el egoísmo que caracteriza al ser humano desaparece en cuestión de segundos, ya que desde el momento del na­cimiento de un hijo, y no se sabe cómo, el objetivo principal pasa a ser el bienestar absoluto de esa personita indefensa real que hasta ahora has visto en las ecografías. Una sensación inexplicable, a la vez que maravillosa, aunque inundada generalmen­te por un mar de dudas que aparecen a medida que va creciendo.

El consumo de omega-3 en los niños es muy recomendable para su correcto crecimiento.

Se han hecho diversos estudios, fundamental­mente en neonatos, que vinculan la mejoría cognitiva y el desarrollo de la visión particularmente con la ingesta de DHA, lo cual refuerza aún más la necesidad de que en el crecimiento y desarrollo del lactante se debe asegurar un aporte adecuado (1).

Cabe añadir que el ácido docosahexaenoico (DHA) es el omega-3 más abundante en el cerebro y desempeña en él un papel estructural fundamental; y tanto el DHA como el ácido ecosapentaenoico (EPA) son fundamentos de gran cantidad de sus­tancias reguladoras de la función cerebral (2).

Es decir, que la complementación con omega-3 ayuda al desarrollo cognitivo y neurológico del niño. Es más, tiene un efecto sobre el procesamiento eficiente de la información en la niñez (desarrollo cognitivo a largo plazo). En un seguimiento que se realizó a niños de seis años que habían recibido una dieta reforzada con omega-3 durante sus primeros cuatro meses de vida, sus respuestas a un test no fueron más correctas que las del grupo control, pero fueron significativamente más rápidas (3).

Puede no tener efectos positivos obvios durante los primeros meses de vida, antes del desarrollo importante de las funciones cognitivas ejecutivas como la memoria, la retención del habla, la organización en las tareas, etc. (que ocurre después de los 18 meses de edad); sin embargo, se evidencian posteriormente en los niños que han sido complementados desde los primeros meses. Al comparar en un estudio longitudinal la evolución cognitiva de niños alimentados con fórmulas infantiles enri­quecidas con DHA con la de niños cuyas fórmulas infantiles no habían sido enriquecidas, las diferencias significativas entre ambos tipos de alimentación no aparecieron hasta los tres y los cinco años en cuanto a efectos beneficiosos significativos en el aprendizaje de reglas y en tareas ejecutivas de inhibición, los cinco años en cuanto a vocabulario y los seis años en cuanto al coeficiente de inteligencia (4).

¿Por qué optar por el omega-3?

  • La complementación con DHA ha demostrado ser eficaz y segura para la mejora de las habilidades de lectura en niños sanos pero con bajo rendimiento escolar (2,5), y se ha asociado con mejoras en la me­moria (6). También, en la conducta, el aprendizaje (7) y el sueño (8).
  • Hay que destacar que el omega-3 puede tener efectos positivos en tras­tornos neurológicos como la dislexia (9), el trastorno del desarrollo de la coordinación (10), y el Trastorno por Déficit de Atención/Hiperactividad (TDAH) (10).
  • Las dietas ricas en antioxidantes y omega-3 pueden reducir significativamente la prevalencia e incidencia de asma, rinitis alérgica y dermatitis atópica (incluso en niños con predisposición hereditaria a la atopía) (11).

Bibliografía

1. Gil-Campos M, Dalmau Serra J; Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría. [Importance of docosahexaenoic acid (DHA): Functions and recommendations for its ingestion in infants]. An Pediatr (Barc). 2010 Sep;73(3):142.e1-8. 2. Richardson A. Background to the DOLAB Studies: Omega-3 and Child Behaviour and Learning. Omega-3 DHA and Children’s Behaviour and Learning: New Insights from the ‘DOL AB’ Studies. 4 September 2013 – The Royal College of Surgeons, London. [cited 2014 Apr 15]. 3. Willatts P, Forsyth S, Agostoni C, et al. Effects of long-chain PUFA supplementation in infant formula on cognitive function in later childhood. Am J Clin Nutr. 2013 Aug;98(2):536S-542S. 4. Colombo J, Carlson SE, Cheatham CL, et al. Long-term effects of LCPUFA supplementation on childhood cognitive outcomes. Am J Clin Nutr. 2013Aug;98(2):403-412. 5. Richardson AJ, Burton JR, Sewell RP, et al. Docosahexaenoic acid for reading, cognition and behavior in children aged 7-9 years: a randomized, controlled trial (the DOLAB Study). PLoS One 2012;7(9):e43909. [cited 2014 Apr 15]. 6. Dalton A, Wolmarans P, Witthuhn RC, et al. A randomised control trial in schoolchildren showed improvement in cognitive function after consuming a bread spread, containing fish flour from a marine source. Prostaglandins Leukot Essent Fatty Acids. 2009;80:143-9. 7. Kuratko CN, Barrett EC, Nelson EB, Salem N Jr. The relationship of docosahexaenoic acid (DHA) with learning and behavior in healthy children: a review. Nutrients. 2013 Jul 19;5(7):2777-2810. [cited 2014 Apr 15]. 8. Montgomery P. Omega-3 DHA and Children’s Sleep: New findings from the DOLAB Studies. Omega-3 DHA and Children’s Behaviour and Learning: New Insights from the ‘DOLAB’ Studies. 4 September 2013 – The Royal College of Surgeons, London. [cited 2014 Apr 16]. 9. Schuchardt JP, Huss M, Stauss-Grabo M, Hahn A. Significance of long-chain polyunsaturated fatty acids (PUFAs) for the development and behaviour of children. Eur J Pediatr. 2010;169:149-64. 10. Gow RV, Vallee-Tourangeau F, Crawford MA, et al. Omega-3 fatty acids are inversely related to callous and unemotional traits in adolescent boys with attention deficit hyperactivity disorder. Prostaglandins Leukot Essent Fatty Acids. 2013 Jun;88(6):411-8. 11. Saadeh D, Salameh P, Baldi I, Raherison C. Diet and Allergic Diseases among Population Aged 0 to 18 Years: Myth or Reality? Nutrients. 2013 Aug 29;5(9):3399-423. [cited 2014 Apr 15].

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